La alimentación y la psicología tienen nexos muy comunes. Y esto se pone de manifiesto cuando te haces estas preguntas:
– Comes por placer y porque sabes que tu cuerpo lo necesita para nutrirse, ¿o bien sólo comes para llenar un vacío?
– ¿Tu dieta controla tus pensamientos a lo largo del día?
– ¿Sientes «pánico» al comer determinados alimentos por las consecuencias que crees que tendrás al comerlos?
– Te «descontrolas» fácilmente comiendo, ¿y después te sientes culpable y compensas con otras comidas?
– Lo que ves en el espejo o el número que marca tu báscula, ¿condiciona lo que después escogerás comer ese día?
– ¿Comes porque tienes hambre o bien por apetito por cómo te sientes en ese momento?
– Si no consigues seguir una dieta a rajatabla, ¿te sientes culpable porque piensas que no tienes fuerza de voluntad?
Y observas, al contestarlas, que sí mantienes una relación inadecuada con lo que comes. Ser consciente de ello es su primer paso. Y, después, lo correcto es pedir ayuda para cambiarlo, para poder conseguir vivir en paz con la comida y siempre disfrutar comiendo.